Ojo con las comilonas.
Desayunar un café y comerte una vaca al mediodía es una costumbre muy común, pero también muy peligrosa porque aumenta de golpe el nivel de triglicéridos en la sangre, lo que puede lesionar las arterias y producir coágulos y trombos. Aunque acabes comiendo la misma cantidad, es mejor repartirla en cinco comidas que en tres.
Servir los platos en la cocina.
De este modo garantizas que la ración es la que tiene que ser. Si te sobra comida, ponla en tuppers para guardar. Y no te preocupes, hay estudios que demuestran que poca gente se levanta de la mesa para ir a la cocina a llenarse de nuevo el plato. La pereza le gana la partida a la gula.
Menos carne roja y más proteína vegetal.
La carne roja suele ir acompañada de mucha grasa. Es mejor que consumas carne roja magra y no lo hagas más de una vez por semana. Siempre que puedas consume carne blanca (ave, conejo), pescado y, por supuesto, proteína de origen vegetal (legumbres, tofu, seitán, frutos secos…). Piensa que la OMS recomienda consumir un 25% de proteína de origen animal (carne, pescado, huevos, lácteos) y un 75% de origen vegetal (legumbres, cereales, frutos secos…).
¿Controlar el salero pero no el azucarero?
Pues que sepas que el azúcar es tan malo como el exceso de sal o de grasa. Y no es solo porque pueda acabar transformado en kilos de más, sino porque también puede hacer subir la presión. Si necesitas saciar tu ansiedad de dulce, siempre puedes recurrir a la fruta de temporada.
Menos precocinados y más chup chup.
La comida procesada tiene demasiada sal y grasa, dos enemigos de tu corazón, porque se traducen en tensión alta y colesterol. Cocinar en casa es garantizar que usas la cantidad justa de sal y grasas y que estas son saludables, como el aceite de oliva. Además, planificando bien tus menús, llegarás a comer las tres raciones diarias de fruta y dos de verdura que se recomiendan, las tres de legumbres semanales…
Más fibra en tu desayuno.
La Asociación Americana del Corazón recomienda hacer un desayuno rico en fibra, por ejemplo, incluyendo cereales integrales, eso sí, no azucarados. Y es que seguir una dieta rica en fibra (unos 25 g diarios) ayuda a controlar el peso, el colesterol y, por supuesto, las enfermedades cardiovasculares.
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