La gran variedad de frutas y verduras de temporada de julio nos permite llevar una dieta muy nutritiva y abundante en agua. Esta es una selección de los alimentos que llegan en este mes y que podrás disfrutar con todo su sabor.
Berenjena rica en fibra
El intenso
color púrpura de esta hortaliza veraniega –que se combina con blanco en
la variedad listada– se debe a la presencia de antocianinas como la
nasunina, un pigmento con propiedades anticancerígenas. Además posee
ácidos cafeico y clorogénico, que protegen frente al cáncer de estómago.
Su fibra se
considera depurativa, ya que reduce la absorción del colesterol de
otros alimentos. Además te proporciona pequeñas cantidades de varios minerales
y vitaminas del grupo B.
Aunque se
trata de una hortaliza muy ligera, hay que tener en cuenta que su fibra
actúa como una esponja y puede absorber mucho aceite. Si vas a freírlas,
para que no absorban tanto, córtalas en rodajas, hazlas al vapor unos minutos,
enharínalas y fríelas en poco aceite muy caliente.
Con las
berenjena se elaboran deliciosas recetas veraniegas, como la
ratatouille, la ensalada caponata, la musaca griega o el mutabal o baba ganush,
un paté vegetal en el que se combina con tahini, ajo, aceite y limón.
Arándanos
repletos de antioxidantes
Te comes
unos cuantos arándanos y enseñas a tus compañeros de excursión la
lengua teñida de azul. El color es debido a unos pigmentos llamados antocianinas,
que lo convierten en uno de los alimentos más antioxidantes que existen.
Las
antocianinas del arándano y otros alimentos de color morado contribuyen a la protección
frente a trastornos cardiovasculares, el deterioro cognitivo y el cáncer.
Los arándanos se recomiendan para prevenir y tratar infecciones
urinarias, pues las antocianinas evitan que las bacterias se adhieran y
multipliquen en los uréteres.
También son
buenos para los sistemas circulatorio y nervioso. Si los recoges de
la montaña, evita los que están más cerca del suelo y lávalos con
suavidad y mucha atención.
Su cultivo
en España ha aumentado mucho en los últimos años, con lo que encontrarlos
resulta cada vez más fácil. La mayoría vienen de Huelva, aunque también se está
apostando por ellos en toda la cornisa cantábrica, donde existen varios
productores ecológicos.
Melón cantalupo, todo frescor y vitaminas
El melón
cantalupo, fácil de reconocer por su piel reticulada y profundas
acanaladuras, toma su nombre de una pequeña localidad italiana cercana a Roma.
Allí, atraído por su dulzor, el clero lo cultivó profusamente.
Las semillas
se las hacían traer de Armenia, aunque hoy la mayor parte del cantalupo que se
consume en nuestro país se cultiva en Murcia y Andalucía o se
importa de Francia. El color naranja de la pulpa, jugosa y muy aromática, da
cuenta de su riqueza en provitamina A, una buena aliada de la piel,
la vista y las mucosas. Además te aporta vitamina C y ácido fólico.
Puedes
añadirlo a tus ensaladas de fruta o elaborar con él un refrescante gazpacho
de melón.
Pera limonera, la variedad más dulce y medicinal
Se ha
convertido en una frase hecha: de algo que es "el no va más" decimos
que es "la pera limonera".
Esta
pera de origen francés, muy cultivada en nuestro país, llega al mercado
tras las peritas de San Juan, entre julio y agosto, y se queda hasta
octubre. Su piel, muy fina, está moteada y se torna amarilla cuando madura.
Tiene una
pulpa blanca, granulosa y jugosa y muy dulce, pero es apta para
diabéticos. Por su fibra es una de las frutas más adecuadas para detener
las diarreas. También está indicada para hipertensos por
su riqueza en potasio.
Melocotón paraguayo para proteger tu piel
El betacaroteno
y la fibra de los paraguayos contribuyen a la salud de
la piel y de la mucosa intestinal.
El trío
antioxidante por excelencia está presente en esta fruta: las vitaminas A, C
y E, que protegen frente a los procesos degenerativos propios del
envejecimiento. Esta combinación de vitaminas es buena también para proteger
la piel de las radiaciones solares, aunque seguirá siendo necesario no
excederse en el tiempo de exposición.
Los
paraguayos no son sino una variedad achatada de melocotón, originaria de China,
que cautiva por el aroma, su sabor dulce y la jugosidad de su pulpa
blanquecina. Además, su pequeño tamaño lo hace muy cómodo de comer.
Comerlo fresco es más recomendable desde el
punto de vista de la salud, pues conserva todos los nutrientes, pero puedes
utilizarlo en tartas, mermeladas o jaleas. Si está maduro, consérvalo
fuera de la nevera.
Pimientos de Padrón, una exquisitez con sorpresa
Los auténticos
pimientos de Padrón crecen en el municipio coruñés que les da
nombre, y se encuentran solo en temporada, entre junio y octubre.
Para
diferenciarlos de imitaciones procedentes de Almería, Murcia o Marruecos, que
han llevado a verlos en el mercado todo el año, se creó la denominación
de origen pimientos de Herbón. A Herbón, parroquia de Padrón,
trajeron de América estos pimientos los monjes franciscanos. Si pican o no
depende de si se han plantado al sol. Por ello a medida que avanza el
verano también es mayor la probabilidad de que piquen.
En general,
se procura incorporar los picantes junto a no picantes en proporción
soportable, y dar con los que pican se ha convertido incluso en un aliciente.
Los
pimientos aportan vitamina C y fibra laxante. Freírlos como
manda la costumbre destruye parte de sus nutrientes y suma muchas calorías,
aunque proporciona una sabrosa tapa.
Tomates cherry con todo el sabor concentrado
Estos
pequeños tomates no hace falta ni cortarlos. Si son de calidad (¡vale la
pena!), la sensación al morderlos es de una explosión de sabor, por su
jugosidad y lo crujiente de su textura. Se pueden encontrar sueltos, en rama,
en forma de pera, amarillos o naranjas.
En ensaladas
verdes, de pasta, en pinchos, canapés... su pequeño tamaño los
hace muy prácticos en infinidad de recetas y combinaciones.
Estos
tomates son ideales para plantar en una maceta y obtener tus
propios cherries ecológicos. Piden mucho sol y agua mientras crecen, pero
cuando fructifican conviene reducir el riego para que se concentre más el
sabor.
Los tomates
en general son ricos en las vitaminas A, C y ácido fólico. Además
aportan licopeno, un antioxidante que protege el corazón y ayuda a prevenir
el cáncer de próstata.
Flores de calabacín, un bocado exquisito
Las flores,
con sus vivos colores y suaves fragancias, se pueden emplear en la cocina para
dar un toque de creatividad y alegría a los platos. Pero hay flores
grandes, como las del calabacín, que pueden incluso protagonizar la
receta.
De hecho, la
flor de calabacín es quizás la más conocida de las flores comestibles,
y es que, junto a un buen sabor, posee una clara ventaja sobre las demás:
su gran capacidad para albergar rellenos.
Puedes freírlas
con una tempura muy fina, ya sean solas o rellenas de pera, de risotto,
de crema de anacardos y cebolla caramelizada o tomates secos. Una vez colocado
un picadillo o una pasta en su interior, solo tendrás que enrollar las puntas
para sellar la flor.
Ten en
cuenta que esta flor se marchita muy rápido una vez arrancada, por lo
que debe consumirse enseguida, a ser posible el mismo día de su
compra o recolección.
Patatas kennebec y la microbiota
Esta patata
amarilla de carne blanca se cultiva ampliamente en nuestro país.
Grande y firme, resulta muy fina tanto hervida como asada. Los cachelos
gallegos suelen ser de esta variedad, y también las patatas de Prades,
con denominación de origen, aunque en esta zona se empiezan a recoger un poco
más adelante.
Las patatas
en general aportan menos calorías de lo que se suele creer (unas 70 por 100
gramos) y no son calorías vacías: se acompañan de potasio, hierro y
vitaminas B6 y C, que se conservan mejor si se cocinan con la piel.
Se les
atribuye, además, un efecto hipotensor, pues el potasio y unas
sustancias llamadas kukoaminas contribuyen a reducir la tensión
arterial.
Si las
cocinas y las dejas en la nevera al menos 24 horas para consumirlas al
día siguiente, su fibra se transforma en almidón resistente y
resultan mucho más ligeras y saludables para tu microbiota intestinal.
Ahora es una buena época para hacerlo, pues puedes utilizar la patata como base
de tus ensaladas de verano.
Picotas, qué ricas
En el valle
del Jerte crecen las únicas cerezas de España que, por su
singularidad, cuentan con denominación de origen. Maduran en el árbol, se
recogen a mano y están en las tiendas en 24 horas.
La picota,
muy firme, es la especialidad en esta época y se comercializa sin rabito,
pues lo pierde de forma natural al ser recogida.
Las
cerezas, ricas en antocianinas, se consideran alcalinizantes
y aliadas de las articulaciones. Un batido delicioso que protege
especialmente la piel en verano se elabora batiendo las picotas con mango
y zumo de zanahoria.
Ciruelas frente al estreñimiento
Las ciruelas
sirven para mucho más que para poner los intestinos en marcha. De
diferentes tamaños, formas y colores, todas carnosas y crujientes, nos tientan
para que les hinquemos el diente y aprovechemos toda su vitamina C: tres
cubren casi el 30% de las necesidades diarias.
A la hora de
elegirlas, decántate por las que estén firmes en el centro y cedan un
poco arriba y abajo. Si además conservan la pruína, la típica capa
blanquecina, señal de que no han sufrido demasiado trajín.
En este mes
podrás elegir entre muchas variedades de ciruelas, pero si te gusta la ciruela
mirabel deberás aprovechar ahora. Aunque es especialmente popular en
Francia y en Alemania, se cultiva en Galicia desde hace décadas y
llega tan rápido como se va. Es un ciruela dorada con pintas rojas, poco
más grande que una cereza, dulce y de aroma intenso.
Cebolla roja depurativa
El vivo
color morado de esta cebolla, de sabor más dulce que la blanca,
resulta muy decorativa en las ensaladas. Como otras variedades, se
considera ligera, depurativa y buena fuente de vitamina C y ácido
fólico.
Su riqueza
en flavonoides y compuestos azufrados convierten a la cebolla en un alimento
muy protector. Se considera beneficiosa para la circulación, el colesterol,
el azúcar sanguíneo, la prevención del cáncer y las infecciones
respiratorias y digestivas.
Conviene aprovechar
las capas externas, pues en ellas se concentran flavonoides como la
quercitina.
Además de
por lo que la cebolla aporta en sí, incorporarla a tus recetas tiene aun otra
ventaja: te ayuda a asimilar mejor el cinc y el hierro de
otros alimentos.
Comentarios
Publicar un comentario